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En nuestro día a día no tenemos conciencia de la forma tan impactante en que nos condicionan nuestras creencias, de hecho, si alguien nos dice que esto es así, nuestra primera reacción podría ser negarlo o relativizarlo, por eso se me ha ocurrido usar un ejemplo muy gráfico que ayude a entender cómo nos influencia lo que creemos.

 
Imaginaros que estáis en una reunión de trabajo o en una reunión social, todo muy correcto, cada uno guardando las formas y «sabiendo estar». De repente, alguno de los participantes de la reunión dice en voz alta «Siento un olor desagradable, a sudor de axila, y no soy yo porque esta mañana me puse desodorante», seguramente a partir de ese comentario la reunión sea diferente, porque se ha generado un ambiente tenso en el que todos están pensando en lo violento que ha resultado el comentario, otros pensaran que es desafortunado, otros pensarán que no ha sido prudente… en fin, según las creencias de cada uno, lo juzgará de una u otra manera. En lo que coincidirá la gran mayoría, es en que no se esperaban algo así y que ha resultado incómodo para todos.
 
Si en el ejemplo anterior no has visto cómo  nuestras creencias nos condicionan en el día a día, imagínate la situación más violenta, por ejemplo, que en vez del comentario, alguien en la reunión, se levante un poco de la silla y deje salir un gas sonoro (un pedo) «Ah!!, qué vergüenza», tal vez haya quien se ría y habrá quien piense que esta persona es un maleducado, irrespetuoso o cochino.  Porque es lo que nos han enseñado y es como creemos.
 
Imaginaros también que estáis en una comida de trabajo y uno de los comensales intenta, de forma espontanea, sacarse un trozo de comida que se le ha quedado entre los dientes, lo hace sin intentar disimular, seguro que la mayoría le juzgaríamos casi de forma inconciente.
 
Otro ejemplo, podría ser que nos encontremos con alguien a quien hace bastante no veíamos y nos saludemos con alegría y amabilidad, entonces siguiendo la costumbre, le decimos, a ver si quedamos y nos vemos con mas tiempo, para ponernos al día y esa persona nos dice: «No estoy de acuerdo, ya nos hemos saludado, no veo que tengamos que quedar para nada más». Inesperada respuesta, qué desagradable!
 
Podría plantear muchos ejemplos más, pero cada uno de vosotros puede buscar en su imaginario y reflexionar sobre los juicios que hacemos constantemente, sobre lo que está bien o mal, lo que es bueno o malo, lo correcto y lo incorrecto. Por supuesto, no hablo de actos que violen la ley, ni que hagan daño a otros, sólo me limito en este caso a las situaciones planteadas en los ejemplos, porque en cada uno de ellos podemos ver reflejado como de forma natural juzgamos determinados comportamientos, acorde con nuestra cultura y nuestras creencias.
 
No se trata tampoco de pensar que la forma que tenemos de verlo es incorrecta, simplemente se trata de tomar conciencia y elegir libremente si en realidad compartimos esa creencia o la mantenemos porque siempre ha estado ahí, porque siempre ha sido así. Si es esta última opción, recuerda que lo que nos diferencia de los animales, es nuestra capacidad de cambiar, aprender, crecer y transformarnos en la persona que queremos ser.