Hoy he elegido el cuento de El perro y la sombre, una fábula de Esopo para reflexionar sobre la importancia de las decisiones que tomamos y lo difícil que puede llegar a ser asumir la responsabilidad sobre las consecuencias de esas decisiones, que, en muchos casos, las tomamos desde lo que creemos que debe ser, y no desde la consciencia.
Sin más preámbulo, empezamos.
Un cálido y soleado día de primavera, un hermoso perro se dirigía hacia su casa, iba feliz sujetando fuertemente entre los dientes un gran trozo de carne que le habían dado. Quería llegar a casa con su premio intacto, para disfrutar mientras lo comía. En el trayecto había un pequeño río que debía atravesar con cuidado porque fluía rápidamente, tenía que ser precavido y evitar caerse al agua, para no perder su trozo de carne.
Como era un perro muy inteligente, aprovecho un tronco de árbol que servía de puente, ya que atravesaba el río de orilla a orilla y se subió encima, empezó a cruzarlo con pasos lentos y cortos, con mucho sigilo. Ya había avanzado hasta la mitad del tronco, cuando miró al agua y vio otro perro, que como él, llevaba un gran trozo de carne en el hocico.
—Mmmm, me gustaría comerme también este trozo de carne, tiene muy buena pinta, -dijo el perro en voz baja.
Sin pensárselo ni un momento, abrió la boca y atacó a su rival para robarle el trozo de carne, sin más, sin darse cuenta que para conseguirlo había soltado su propio trozo, sólo se lanzó pensando en tener dos. Pero la codicia del pobre perro no se vio recompensada: lo que había visto era su propio reflejo en el agua, y la corriente del rio había arrastrado la carne que él había dejado caer. Mojado, triste y sin qué comer, nadó hacia la orilla, al llegar, murmuró:
- Hace tan solo unos minutos tenía carne suficiente para más de un día, y ahora no tengo nada -se dijo así mismo el perro, y partió en busca de comida, nuevamente.
Hasta aquí el cuento y ahora vamos con la reflexión:
Cuántas veces nos pasa o a alguien cercano o conocido le pasa, que no valoramos suficiente lo que tenemos, estamos en una constante búsqueda de algo más, y eso de por sí no es malo, la ambición es buena, si trabaja como un motor que nos ayude a seguir avanzando hacia lo que queremos. Lo malo está en no saber apreciar lo que con tanto trabajo, dedicación y esfuerzo hemos conseguido, en no saber disfrutarlo, en restarle valor comparándolo con algo mejor. Siempre habrá algo fuera que nos parezca mejor que lo que tenemos; es como el cuento de la vaca que veía más verde el pasto de la finca vecina, hasta que consiguió pasar al otro lado de la cerca, estuvo feliz durante dos minutos, hasta que miró el pasto de la finca de donde ella venía y lo vio más verde.
La reflexión de hoy no va del conformismo, en ningún momento es mi pretensión que así se interprete, porque ciertamente, querer evolucionar, aspirar a algo mejor es lo que da sentido a lo que hacemos. La reflexión de hoy va de tomar consciencia, de lo importante que es valorar lo que tenemos, de saber tomar las decisiones, de ambicionar sanamente, de no esperar a perder algo para darte cuenta de lo que significa para ti, de vivir tu vida y tu presente, sin compararte con los demás, porque cuando lo haces, nunca será suficiente, siempre habrá alguien que te haga sentir que necesitas más, por eso hoy mi reflexión de hoy está enfocada en si mismo, en la autoestima, en la seguridad de saber quién eres, qué tienes y qué quieres en realidad, para que tomes decisiones conscientes y que te acerquen a aquello que te llena, te da paz o felicidad.




