Hola, bienvenidos al último podcast de esta temporada, soy Claudia Marcela Palacio Bueno y hoy quiero contaros un cuento corto de origen chino que nos permite ver cómo nuestros pensamientos determinan nuestra realidad, porque a veces vemos lo que queremos ver, y lo convertimos en nuestra realidad. Esta historia nos permite reflexionar sobre la importancia de la comunicación, sobre saber escuchar, sobre los juicios y la facilidad con la que nos alejamos de la verdad.
Sin más preámbulos, empezamos con la historia de «La sospecha del leñador»
En un inmenso bosque de verdes intensos vivía un leñador, cuya vida, a pesar del duro trabajo que tenía, era agradable o placentera. Disfrutaba del silencio, de la tranquilidad, de la naturaleza y además, tenía unos vecinos con los que se llevaba francamente bien. Con todo ello, sus días transcurrían en paz.
Un día, después de levantarse y desayunar, empezó a prepararse para ir a trabajar, pero se dio cuenta que su hacha no estaba en el lugar que solía dejarla. Muy nervioso y lleno de angustia empezó a buscarla en otros sitios de la casa, por si, despistado, la hubiese dejado en otro lugar. Tras un largo rato se dio por vencido y abandonó la búsqueda. Salió de casa muy acongojado y casi con lágrimas en los ojos, cuando de repente se encontró al vecino que justo en ese momento pasaba cerca de su casa, como siempre lo hacía, el vecino le saludó sonriente y amablemente.
Mientras éste seguía su camino, el leñador empezó a sospechar y pensar que tal vez hubiese sido el vecino quien le había robado el hacha. De hecho, ahora que lo pensaba bien su sonrisa parecía nerviosa, tenía una mirada rara e incluso hubiese dicho que le temblaban las manos. Bien pensado, el vecino tenía la misma expresión que un ladrón, caminaba como un ladrón y hablaba como un ladrón.
Todo ello iba pensando el leñador, cada vez más convencido de haber encontrado al culpable de la pérdida de su hacha, porque claro, el vecino también era leñador, quién más que él podría haberla robado.
Mientras iba pensando en todos los indicios de culpabilidad que señalaban al vecino, caminaba sin rumbo hacia el bosque, absorto en sus pensamientos. De repente se dió cuenta que sus pasos le habían llevado de nuevo al lugar donde había estado la noche anterior. De pronto tropezó con algo duro que estaba en el suelo y cayó. Al fijarse en lo que le había hecho caer, se dio cuenta que era su hacha! Seguramente se le había quedado allí y no se percató porque llevaba mucha leña.
El leñador volvió de nuevo a su casa con el hacha, arrepentido de sus sospechas, de todos aquellos pensamientos que le habían llevado a juzgar y condenar a su buen vecino.
Cuando estaba llegando a casa vio de nuevo a su vecino y se dio cuenta que su sonrisa, su expresión, su manera de andar y de hablar eran y habían sido en todo momento las de siempre.
Hasta aquí el cuento de la sospecha del leñador, ahora vamos con la reflexión:
Cuántas veces nuestros pensamientos nos hacen tener percepciones equivocadas de la realidad, llegando incluso a malinterpretar situaciones y actuaciones de personas con gran facilidad. Creamos una historia y la convertimos en nuestra verdad, la vemos sólida, clara e indiscutible. No preguntamos y a veces, si lo hacemos, no escuchamos, porque el objetivo no es entender, sino defender mi verdad, a pesar de lo que se pueda perder por el camino, por ejemplo, afectos, personas o la oportunidad de seguir creciendo, de aprender a escuchar.
Este cuento también nos permite ver como podemos llegar a acusar, juzgar y condenar a alguien, sin que tengamos prueba real de su culpabilidad, nos habla de la facilidad y ligereza con la que emitimos juicios infundados, sólo respaldados por unas creencias adquiridas a lo largo de la vida, que nos controlan y hacen actuar de forma inconsciente.
Gracias por escucharme y recuerda, si te ha gustado, comparte, comenta o dale una estrella. Hasta la próxima temporada, me despido deseando que tengas buena vida y todo el amor y felicidad que mereces.




