Hoy he elegido la fábula de Bóreas y Helios para reflexionar sobre la persuasión, la calma, la serenidad. Hay un refrán que recuerdo decía mi padre: “mas vale maña, que fuerza” y encaja perfectamente en la historia que os voy a compartir hoy, aunque pueda ser con otro enfoque, el mensaje o la reflexión tienen mucha relación.
Sin más preámbulo, empezamos:
Esta es la historia de dos dioses griegos que se disputaban la supremacía sobre la naturaleza y el comportamiento de los hombres. Uno de ellos era Bóreas, el mayor de los cuatro vientos cardinales, el viento del norte que trae consigo el frío del invierno, era muy poderoso y llegaba a dominar el mundo, lo que le hizo soberbio y orgulloso. El segundo era Helios, el sol, que se jactaba de recorrer diariamente el cielo llevando energía y calor a los seres humanos, también era un dios prepotente y orgulloso por ello.
Bóreas que se paseaba por el mundo llevando consigo el poder del viento frío, un día se encontró en su deambular con Helios, lo observaba como recorría el cielo y como los hombres le agradecían su brillo durante todo el día, mientras que él se limitaba a salir de sus tierras en el norte y soplar con gran energía su viento frio para crear el invierno y la nieve que muchas veces atormentaba a los seres humanos y los animales.
Ambos se consideraban así mismos poderosos como ningún otro.
Hasta que un día los dos decidieron probar quien era el más fuerte, así que idearon un plan que les permitiera demostrarlo.
Había un campesino que salía todos los días con sus ovejas llevándolas monte arriba. Ambos decidieron que iban a esperar que el campesino saliera de su casa y a mitad de camino cada uno trataría de quitarle la capa que siempre lo acompañaba en su trayecto hasta la cima. Aquel que lograra quitarle la capa demostraría que era el más poderoso y fuerte de los dos.
Bóreas tomó la delantera y empezó a soplar con fuerza sobre los campos por donde estaba aquel pastor con sus ovejas. El pastor extrañado por la fuerza del aire que corría y el frío de aquel viento, se aferró a su capa con todas sus fuerzas. Bóreas, que no estaba dispuesto a darse por vencido, aumentó su potencia, tanto, que por poco provoca que cayera al suelo, pero el pastor decidió contrarrestar el viento frio cerrando su capa con más fuerza y pese a que Bóreas casi lo hacia caer tomó otro manto que llevaba en el bolso y se lo puso encima. No iba a permitir que su cuerpo enfrentara ese frio y el viento sin abrigo alguno. Frustrado por la reacción de aquel pastor, El viento del norte dejó de soplar.
Ahora era el turno de Helios, su estrategia era diferente, aprovechando el momento, ya que el campesino estaba afectado por el intenso frío, se asomó lentamente entre las nubes traídas por Bóreas y empezó a brillar, al principio lo hizo con cierta moderación, dejó caer sus rayos de luz sobre el cuerpo abrigado del pastor, para que sintiera el aire cálido del sol, como así fue, lentamente fue despojándose de su abrigo, mientras Helios siguió aumentando sus rayos y su intensidad. Como era lógico, el calor aumentó y fue invadiendo al pastor, cada vez más, hasta que decidió quitarse su capa de pastor, luego su ropa y desnudo saltó a un lago próximo para refrescarse.
Bóreas, reconoció su derrota y se marchó, dejando a Helios que brillara y disfrutara su victoria.
Hasta aquí la fábula y ahora vamos con la reflexión, que como en otras ocasiones ocurre, podría orientarse de distintas formas, yo elegiré una, pero sentiros libres de hacer otra cualquiera, al final lo importante es provocar o facilitar en vosotros ese momento de reflexión.
Voy a usar un ejemplo bastante real en el mundo profesional, hablando de dos tipos de personas, que sin duda alguna, sabréis relacionar con los personajes de nuestra historia de hoy. Hay personas que por sus grandes capacidades, habilidades y conocimientos, consiguen destacar entre los demás, eso les otorga un reconocimiento lógico, en algunos casos con admiración y respeto, seguramente que en otros casos habrá quien también les envidie.
De estas personas, algunas conservan su humildad, suelen ser las más seguras de sí mismas, y otras en cambio, se convierten en seres orgullosos, prepotentes, déspotas e incluso desagradables. Saben, que bien por sus méritos, o por la posición que han conseguido, tienen un poder sobre los demás y, que gracias al “ordeno y mando” van a conseguir sus objetivos, como de hecho lo hacen en muchos casos, no siempre.
Aquellos que conservan su humildad, suelen tener una parte emocional más desarrollada, son más humanos o por lo menos muestran más preocupación por la parte humana, conectan con los demás, escuchan, toman nota, no necesitan gritar, por el contrario, suelen persuadir, con la suave caricia del sol en medio de un día frío, te atrapan con dulzura y se convierten en inspiración. Estas personas también consiguen sus objetivos muchas veces, no siempre. Lo que si tendrán siempre es la admiración, lealtad y respeto de quienes a su vera les acompañan en el día a día.
Los otros, como el viento del norte, con su ego, seguirán cegados por la luz de su propio éxito, renunciando a disfrutar del viaje, sembrando cardos y espinas en un mundo que cada vez necesita más amor.




