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 A veces tengo la sensación vivir en un mundo en el que sólo nos enseñaron dos colores: blanco y negro, o dos sensaciones: frío y calor, o dos ubicaciones: arriba y abajo. Lo pienso porque permanentemente nos movemos en los extremos, según sea tu elección, eres de uno o de otro y te vas redicalizando sin darte cuenta, cada vez estás más lejos de la reflexión empática porque no entiendes de ninguna manera y por tanto, no aceptas aquello que se opone a tu postura.

Señalamos con tono crítico y hasta llegamos a despreciar la terquedad y falta de apertura de los opuestos, sin tener conciencia que con ello estás haciendo exactamente lo mismo, sólo que como eres tú, es distinto, porque claro, tú tienes la razón.

Y me pregunto, con profunda tristeza, si en algún momento dejará de primar el ego y el orgullo en el reino de «tener la razón», para tomar conciencia del mundo que estamos construyendo, un mundo polarizado, lleno de odios y rencores, que mira al pasado y no al futuro, un mundo enfrentado, que parece no defender unos ideales, sino dedicarse a atacar todo aquello con lo que no está de acuerdo.

Ojalá, más pronto que tarde, seamos capaces de renunciar a la sombra maldita del victimismo.

Ojalá, por la convivencia y el amor, seamos capaces de reconocer y aceptar lo que somos, porque entonces empezaremos a crecer y cambiar.

Ojalá, por la salud y la paz de cada uno, prevalezca el respeto y cultivemos la aceptación.

Ojalá, por el crecimiento personal y social, seamos capaces de escuchar con respeto, sin esa necesidad intensa de convencer al otro para que piense igual que yo.

Ojalá demos al mundo o a la sociedad aquello que queremos y esperamos recibir: aceptación, respeto, libertad, amor, comprensión… 

Porque el mundo es de todos, porque somos muchos y somos diferentes, porque en la diferencia está la riqueza y porque hay sitio para todos, Ojalá este post te aporte una buena reflexión