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En algunas de mis publicaciones anteriores he hablado sobre la plenitud o la felicidad, lo he hecho resaltando que en ningún caso supone la ausencia de problemas, dificultades, desengaños, frustraciones, etc., y lo he resaltado porque es un punto fundamental para conseguir esa paz o plenitud.

La vida, cual huracán despiadado, no te avisa ni te permite elegir lo que pasa. Sin preguntar, te va poniendo frente a situaciones, circunstancias, momentos, hechos, experiencias… y tu papel es gestionar, sólo eso. Tan simple y tan complejo.

Para entender mejor a lo que me refiero, comparto mi experiencia reciente al respecto.

El fin de semana pasado recibí una triste e inesperada noticia, quedé en shock, sentí que toda mi energía se desvanecía, sin embargo, coincidió que ese mismo día empezaba un programa de liderazgo al que me habían invitado a participar y que me tenía muy ilusionada, además de agradecida. En ese momento era mi responsabilidad elegir cómo gestionar la situación, si dejar que el huracán me arrasara y vivir mi tristeza, a pesar de saber que no podía hacer nada para cambiar el hecho que tanta pena me causaba o, enfocarme en conectar con mi propósito y entregarme totalmente al programa de liderazgo, donde probablemente podría aportar algo. Finalmente opté por esta última alternativa, y que bien elegí, porque tuve la maravillosa suerte de conocer a 6 personas increíbles, con quienes compartimos horas de reflexión, de conversaciones profundas, de intimidades y de sentimientos. Gracias a ellos, lo que parecía ser un fin de semana frío, oscuro y doloroso, se convirtió en una experiencia inolvidable, en una oportunidad de crecer, de aprender, de vivir.

Esa es la vida, una elección permanente. Y tú qué eliges?