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En realidad, el título engaña un poco, porque día tras día sigo intentando aceptar y enamorarme de aquello que me molesta. Me refiero a aquellas actitudes de los demás y a las mías propias, que despiertan en mí emociones y sentimientos dañinos, desagradables, tóxicos.

A lo largo de mi vida he pasado por muchas etapas, desde la rebeldía y la inmadurez, hasta la reflexión y la aceptación. Puede que la memoria intente engañarme y hacerme sentir que siempre que he sufrido o he sentido dolor, ha sido porque otro me lo ha causado, pero y ¿dónde queda la humildad para aceptar que yo también he causado dolor y sufrimiento en otros?

Si otros me han aceptado y perdonado por amor, lo mínimo que puedo hacer es agradecer y procurar retribuirlo de corazón, por el amor hacia ellos y por amor a mí misma. Así, elegí cambiar mi forma de ver las cosas, sobre todo, aquellas que me exasperan, porque son una clara oportunidad para reflexionar y avanzar en el difícil proceso de madurar.

Un buen ejemplo de lo que digo está en la cotidianidad del hogar, cuando mi obsesivo deseo de orden choca frontalmente con el desorden de alguien a quien amo. El primer impulso es juzgarle y querer que cambie, porque estoy convencida de que el orden es lo correcto, sin embargo, si me detengo unos minutos a pensar, probablemente vea que, tanto derecho tengo yo, como lo tiene él. Que honestamente sé que no gozo de omnisapiencia, ni de tener la verdad absoluta, que tanto me puede molestar el desorden, como a él mi obsesión por el orden.

Y te preguntarás ¿cómo resolverlo? yo me lo he preguntado muchas veces, tantas, que llegué a entender que la respuesta está en mí, en lo que puedo cambiar, en poner el foco en mi área de influencia. Suena sencillo, pero resulta complicado, lo sé. También sé que merece la pena intentarlo.

 He observado que la aceptación y la responsabilidad sobre mi vida, provoca en los otros una mayor apertura a la reflexión, que cuanto menos pretendes cambiarles, más se plantean cambiarse a sí mismos.

¿Qué más da llenarte de razones y sentirte en posesión de la verdad, si con ello solo consigues desgasrtarte? La resistencia por sistema no te da soluciones, empeñarse en cambiar a otros es renunciar a la posibilidad de cambiarte a ti mismo, siempre en aras de conseguir la paz y la felicidad que te mereces.

Encuentra la fuerza dentro de ti, porque el ego está en tu cabeza, pero no en tu corazón.