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Después de dos largos años, pude volver a casa y disfrutar unos inolvidables días con la familia. La pandemia nos ha privado de muchas cosas, pero también nos ha permitido aprender otras, una de ellas es priorizar lo que realmente importa y relativizar otras.
Sé que no es fácil, porque lo primero que se nos viene a la cabeza es pensar que los problemas siguen ahí, incluso pensamos que algunos ahora son más grandes, sin embargo, tenemos el poder de cambiar nuestra forma de ver la vida, de enfocar nuestra atención de forma consciente en aquello que nos hace sentir bien, que nos alimenta el espíritu. Hacerlo nos permite disfrutar de las pequeñas cosas que hacen grande nuestra existencia, esos maravillosos momentos compartiendo una conversación, comer en familia,  poder abrazar y besar a tus seres queridos, reconectar  con lo que eres, con tus raíces, hacerlo sin rencores, sin juicios, sólo desde el corazón, con gratitud.
Recuerdo hace años que un amigo me dijo: «cuando me enfado con mi mujer y siento que me estoy llenando de rabia, inmediatamente pienso que me llama la policía y me dice que ella ha tenido un accidente, entonces siento un miedo tan grande de perderla, que lo que sea que me haya enfadado, deja de ser importante». Podía sonar fuerte, pero me pareció una buena fórmula para tomar consciencia y poner los pies en la tierra.
Toda esta situación de pandemia, es como esa imaginaria llamada de la policía, porque provocó en mí una toma de conciencia de lo fácil que puede ser perder la posibilidad de disfrutar de lo que realmente importa en la vida.
¿Por qué esperar a perder lo que tienes para valorarlo, si con el dolor, el arrepentimiento y la culpa, no vas a recuperarlo?.
Toma conciencia de todo lo que tienes, por pequeño o desapercibido que sea, piensa, ¿si dejaras de tenerlo cómo te sentirías?. Piensa también en qué cosas, personas o momentos te hacen sentir bien, y cuánto tiempo, energía o atención dedicas a ello. Intenta ver si hay una equilibrada proporción entre la atención que das a lo que te hace feliz y la atención que das a lo que te causa angustia, ansiedad, tristeza, rabia, frustración…
Tras esta reflexión, prioriza lo importante, equilibra tu vida y pon el foco en lo que realmente te hace feliz.