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Hoy he elegido la fábula del león y el ratón para reflexionar sobre tres puntos, el primero es la importancia de no esparcir espinas por el camino andado, nunca sabes si tendrás que volver atrás por ese mismo camino; y el segundo punto, es la humildad como valor en la relación con los demás y el tercero, recordar siempre lo grande que es perdonar. Sin más preámbulo, empezamos.

Dice la fábula que un león dormía plácidamente una siesta, cuando un pequeño ratoncillo se puso a jugar sobre él, corría sobre su barriga arriba y abajo, sobre su lommo y también decidió meterse entre su melena, con tan mala suerte que despertó al león. Éste, muy enfadado con el ratón por haberle interrumpido su siesta, lo amenazó y le dijo que como castigo se lo comería. El ratón muy asustado suplicó misericordia y dijo al león que le perdonara la vida, que así quedaría en deuda con él y más adelante podría ayudarle. El león a carcajadas le dijo: ¿en que podrías ayudarme tú a mí? ¿Un pequeño e insignificante ratón al rey de la selva? Sin embargo, admirado por la valentía del ratón, decidió perdonarle la vida y dejarlo ir. Mas adelante, el león quedó atrapado en una red, rugía desesperado sin poder escapar, cuando a lo lejos el ratón lo escuchó y corrió a ver qué le pasaba. Al verlo le dijo, tranquilo ya estoy aquí y te voy a ayudar. El ratón empezó a roer las cuerdas de la red, hasta que consiguió librar al león.

Hasta aquí la fábula y ahora vamos con la reflexión:

¿Cuántas veces en la vida nos hemos sentido como leones porque nos hemos hecho grandes y hemos llegado muy alto? ¿A cuántos ratones hemos despreciado en ese momento por pensar que estábamos por encima de ellos?

Si la vida es como una obra de teatro, es importante recordar que unas veces puedes tener el papel de león y otras el de ratón. Unas veces estás arriba y otras estás abajo, por eso debes sembrar una buena cosecha, porque independientemente de dónde estés, los frutos que recojas serán buenos para ti. El menosprecio a los demás puede ser el reflejo de un miedo oculto y tu tarea es descubrirlo, reconocerlo y aceptarlo, así evitarás vivir desde el ego que suele ser un mal consejero. Elige vivir desde el respeto a los demás.

Esta reflexión nos sirve en cualquier ámbito de nuestra vida, en el trabajo para reconocer el valor de las personas sin importar los cargos, los títulos o las jerarquías, recordar que son personas valiosas como nosotros, unas nos liderarán, nos contratarán, nos supervisarán y otras, nos servirán un café, nos abrirán una puerta, nos prestarán algún servicio… todas aportan algo a nuestra vida.

Y también nos sirve esta reflexión en el ámbito personal o familiar, cuando conseguimos mejorar nuestro estatus y tenemos el impulso de sentirnos más que aquellos que continúan en el mismo lugar, o también cuando los padres se hacen mayores, envejecen y parece que se nos olvidara que fueron ellos quienes nos dieron la vida, que hicieron por nosotros lo mejor que podían con lo que sabían.

Elige el aprecio frente al desprecio, elige ser feliz.