Este año he decidido escribir mis reflexiones a partir de una fábula y hoy he elegido la fábula de La cigarra y la hormiga para reflexionar sobre el valor del esfuerzo, sobre la importancia de priorizar, de entender que a veces es mejor actuar que esperar, porque es mejor prevenir que lamentar. Seguramente esta fábula la conocéis de sobra, sin embargo hoy vamos a darle un enfoque diferente.
Sin más preámbulo, empezamos.
Esta es la historia de dos vecinas con una visión muy diferente de la vida, por eso ante las mismas situaciones solían tomar decisiones diferentes. Un verano especialmente caluroso, la cigarra descansaba bajo la sombra de un árbol. Disfrutaba del verano cantando y bailando feliz, mientras su vecina la hormiga iba y venía, trabajando todo el día, buscando comida y cargándola para llevarla a casa.
—¿Por qué no descansas conmigo, vecina hormiga? Hace mucho calor y aquí a la sombra se está muy a gusto —le dijo la cigarra.
—Ya me gustaría, pero si descanso ahora, ¿quién alimentará a mis crías en invierno? De hecho, si fuera tú, recogería provisiones, le contestó la hormiga.
Pero la cigarra siguió ociosa, descansando y disfrutando de la sombra bajo el árbol. No mucho tiempo después, llegó el inclemente invierno. La cigarra, sufriendo por el frío y con un hambre tremenda buscó algo para comer, pero no encontró nada. Tiritando, fue corriendo a casa de la hormiga y con cara compungida le pidió algo de comer, explicándole que con el frío que hacía tenía mucha hambre y no había encontrado nada de alimento. Pero la hormiga le contestó, lo siento vecina cigarra, apenas tengo provisiones para mi familia, no puedo darte nada. Y la pobre cigarra siguió su camino, decepcionada y hambrienta, pero con la lección bien aprendida.
Hasta aquí la fábula, ahora vamos con la reflexión.
Tras pensar mucho en la moraleja de la historia, se me ocurrieron varias opciones o enfoques sobre los que reflexionar, uno podría ser lo fácil que resulta juzgar la dureza de la hormiga, porque algo hubiese podido compartir con la cigarra. También pensé que podría reflexionar sobre la procastinación, porque a todos nos habrá pasado que sabiendo que tenemos algo por hacer, lo vamos postergando, bien porque nos da pereza o nos decimos a nosotros mismos que no encontramos el momento adecuado. Pero después pensé que la historia también habla de la responsabilidad, de lo importante que es prevenir, para no tener que lamentar, y sí, me decanté por ésta última opción, porque tiene una estrecha relación con la falta de voluntad para ocuparnos de nosotros mismos, de nuestra salud y nuestra felicidad.
Y es que si lo pensamos bien, la historia nos enseña que el esfuerzo tiene su recompensa, porque lo fácil es engañarnos y no enfrentarnos a nuestras verdades, pero imaginad que en lugar de comer mal, hacer poco ejercicio, no ocuparnos de nuestro bienestar, decidiéramos justo lo contrario. Es decir, tomar la decisión y hacer el esfuerzo de adquirir hábitos saludables, dedicar tiempo a nuestro crecimiento personal, hacer ejercicio, caminar un poco, leer un buen libro, tratarnos con cariño y respeto, etc. Todo esto supone un esfuerzo ahora, pero sin lugar a dudas tendrá su recompensa porque con el tiempo gozaremos de mejor salud, más energía, mejores relaciones y seguro, más amor propio.
Sin embargo, como la cigarra, en muchas ocasiones elegimos lo fácil, lo que no requiere esfuerzo, sin tener consciencia del invierno que llegará después, que los años van pasando y nuestra energía se ve disminuida, que llegarán problemas de salud y no tendremos provisiones, o sea, fuerza con las que afrontarlo. En ese momento no vale de nada culpar a otros, nadie debe cargar con las consecuencias de nuestras decisiones.
Ser como la hormiga es hacerte responsable de tu realidad, ser como la cigarra es dejar al azar algo tan importante como tu paz y tu bienestar.
Con la reflexión de hoy no pretendo que te juzgues, ni lo voy a hacer yo, que mucho me queda por aprender, sólo pretendo ayudarte a pensar en ti, en lo que es bueno para ti, para ayudarte a estar bien y ser feliz, porque te lo mereces. No lo olvides, mereces lo mejor.





En el esfuerzo, a veces se confunde la humildad de mejorar los errores con la soberbia de querer ser perfecto. Quizás dónde más me cuesta es en el esfuerzo que ni me mejora los errores ni me ayudan a ser perfectos. Si no les veo la utilidad, me cuesta….y creo que son los más valiosos