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Recuerdo haber leído hace tiempo que cuando tenemos una meta o un sueño por alcanzar, solemos compartirlo con otras personas, les contamos eso que anhelamos conseguir y lo hacemos porque sentimos que de esta forma nuestro sueño se hace más real, es como una forma de presión a nosotros mismos para convencernos de que lo vamos a hacer. Seguramente esto tenga una base científica, que esté estudiado y comprobado, no tengo un conocimiento profundo al respecto para cuestionarlo o debatirlo y tampoco me interesa hacerlo.

Mi reflexión sobre este tema va en otro sentido, en uno en el que sí he profundizado y que a mi juicio es incuestionable «El poder que tienes de hacer algo cuando en realidad quieres hacerlo». 

¿Cuán efectivo es contarle a otro lo que vas a hacer, si no estás convencido de querer y poder hacerlo? En mi opinión, más importante que convencer a otro de lo que somos capaces de conseguir, es convencernos a nosotros mismos. Sí, verbalizarlo es bueno, nos reafirma y ayuda a poner foco, pero esa verbalización podemos hacerla en conversaciones internas o frente a un espejo, con la más profunda honestidad, esa que te debes y mereces. Sin duda, está dentro de ti esa fuerza y esa convicción que necesitas para avanzar hacia lo que quieres. 

No se trata de pensar que, si le cuento mis planes a los demás, quedo obligado a realizarlos, por si acaso en el futuro me van a juzgar por lo que dije que iba a hacer y no hice. ¿Dónde queda la importancia de mirarnos a nosotros mismos y tomar consciencia de lo que hemos logrado? La de mirar hacia atrás y reconocer nuestro progreso, sin sabotearnos con aquellas cosas que, por lo que sea, abandonamos en el camino o simplemente decidimos no hacer. 

Cuando quieras comprometerte con algo, te traces un plan o fijes un objetivo, ten presente que es fundamental el compromiso contigo mismo, da igual que lo cuentes a otros o no, porque si no estás convencido de verdad, no habrá presión externa que tenga más fuerza que la que albergas dentro de ti.