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Últimamente he estado reflexionando mucho sobre el tiempo y la energía que dedicamos a pensar, hablar y quejarnos de aquello que no nos gusta de nosotros mismos. Me refiero a todo, tanto lo físico, como lo emocional, por ejemplo, en el plano físico, si nos vemos gordos, flácidos, arrugados, etc. O en el plano emocional, interior o espiritual, si nos sentimos agotados, no somos constantes, nos falta disciplina, el tiempo no me alcanza, etc.

En fin, lo cierto es que de repente sentí que algunas de esas cosas que rechazo o me disgustan, las podría cambiar, si quisiera, sin embargo, no lo hago, entonces ¿de qué se trata en realidad? Tal vez de una excusa, o peor aún, de un arma macabra que tengo para castigarme, para sabotearme y hacerme daño, para desviar el foco de aquellas cosas positivas en las que podría centrarme y de las que también podría sentirme orgullosa.

Sin ningún juicio de valor, en la tranquilidad y el silencio de la soledad, puedes hacer la reflexión tú también ¿te pasa algo parecido? ¿Cuando hablas con tus amigos o amigas, con tu familia o incluso con compañeros, hablas de tus virtudes o de tus defectos? Porque si eliges pensar y hablar de aquello que te disgusta o rechazas, estás alimentando tus miedos y tus inseguridades, esas mismas que te llevan a no cambiar, a perpetuar en tu vida esas características que son parte de ti, de ese todo tan único que te hace auténtico.

El resultado de la reflexión, en mi caso, me ha llevado a entender que el rechazo a mí misma o a algunas cosas de mí, sólo las aumentan, les otorga un poder y una identidad que las convierte en una sombra constante y que esa sombra se hace cada vez más y más fuerte, como un muro que me impide avanzar hacia lo que quiero en realidad. Por eso, sin lugar a dudas, he concluido que la aceptación es la herramienta que tengo para revertirlo,  si acepto, disminuyo la atención, el tiempo y la energía de la que se alimentan, deja de ser importante, va desapareciendo, hasta que de repente, tomas consciencia del gran paso que has dado y a partir de ahí, puedes superar ese obstáculo, eliges ser tu aliado, no tu enemigo, eliges amarte, aceptarte, respetarte y perdonarte, porque mereces una vida plena, feliz, llena de luz.