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Este año decidí que los días de vacaciones que me tomaría en el verano iban a ser diferentes, aunque, como cada año, viajáramos al pueblo de mi marido, la experiencia iba a ser muy distinta. 
Fue una decisión consciente, quería aprovechar el tiempo e invertirlo en mí, en hacer cosas que me ayudaran a sentirme mejor conmigo. Elegí dos libros especialmente, ya los había leído en otro momento de mi vida y me habían aportado mucho, así que tenía la certeza de aprovecharlos mejor y profundizar en mis miedos, reconocerlos y aceptarlos para que no sigan dirigiendo mi vida.
Una de las cosas que más me llamó la atención, al leerlos, fue tomar consciencia de lo mucho que nos esforzamos por corregir, solucionar, arreglar, desaparecer, etc., aquellas cosas que percibimos como problemas físicos, por ejemplo, el sobrepeso, manchas en la piel, caída de cabello, lunares, verrugas… y no es que esté mal, lo que resulta curioso es ver cómo invertimos tiempo, dinero, energía y atención a ello, le damos una importancia enorme. Sin embargo, aquellas cosas o problemas internos, del corazón, del alma o de la vida, en su lado trascendental, que son invisibles a los ojos nuestros y de quienes nos miran, los dejamos en otro plano menos importante. Una de las reflexiones que me vino a la cabeza es ¿nos importa más lo que vemos, que lo que sentimos? O ¿Nos dejamos llevar más por nuestro ego, que por el amor propio?
A medida que pasan los años descubro y me convenzo de que los problemas físicos son el reflejo de aquellos internos que no solucionamos y entonces me pregunto ¿por qué seguimos haciéndolo al revés? Tal vez sea por esa necesidad constante de autosabotearnos, porque en realidad, ese problema físico que resolvemos momentáneamente, vuelve a aparecer, o permanece el miedo a volverlo a padecer.
Si lees mis publicaciones con regularidad, sabrás que no tengo las respuestas a casi nada, sólo intento compartir las preguntas adecuadas para provocar las reflexiones que me lleven a tomar consciencia de mis miedos, de mi ego, de mis creencias limitantes, porque creo que es el primer paso para aceptarme como el ser humano que soy, imperfecto, vulnerable y con todas las posibilidades de cambiar, de conseguir sentirme bien, de ser feliz y disfrutar del camino, ese camino que llamamos vida.

 

Y tú ¿a qué le das más importancia?