Replantearte algunas cosas en la vida asusta, llega a ser inimaginable, puedes llegar hasta a juzgar de mala manera a quien siquiera se atreva a verbalizarlo. Por ejemplo, amar a tus padres, a tus hermanos, a tus hijos, a tus abuelos, a tus tíos, etc. Es algo que te han enseñado y has aprendido tan bien, que no lo cuestionas, hay una línea roja que no se debe cruzar.
Y ahora es probable que estés pensando ¿replantearme el amor por mis padres, hijos…? ¡Qué barbaridad!
Lo cierto es que ni siquiera lo he planteado, tampoco he dicho si voy a escribir sobre el qué o sobre el cómo. En el fondo siento que generarte reflexiones es mi único propósito, no busco convencerte de nada, solo compartir, a través de la escritura, aquellos pensamientos que a veces rondan mi cabeza, para los que no tengo respuestas, pero que me ayudan a conectar conmigo misma.
Si ahora te planteas que eres tu prioridad y que lo más importante es amarte a ti mismo, puedes sentirte mal, culpable y egoísta. Esto pasa de forma inconsciente, porque lo has aprendido, no te das cuenta que esta creencia te impide avanzar hacia la madurez emocional. Puedes amarte y seguir amando a otros, de hecho, es la forma de amar plenamente, porque ese amor hacia los demás no nacerá de la necesidad, el miedo o la dependencia. No excluye, complementa, edifica, sana, genera armonía, te ayuda a romper cadenas, evita que tomes decisiones manipuladas.
Te preguntas ¿Qué decisiones tomas de forma manipulada? Aunque no lo creas, diría que muchas, no se si la mayoría. Todas aquellas que crees que son las que “deberías” tomar, las que a los ojos de los demás son las correctas, con las que sabes que no decepcionarás a las personas que te importan. Sin embargo, aunque crees que son las correctas, algunas veces te causan dolor, disgustos, malestar, ira, desilusión. ¿Qué sentido tiene hacer lo correcto, si sientes que te rompe por dentro? Aunque he usado un ejemplo demasiado radical, como son los afectos familiares, aplica para cualquier idea preconcebida, es decir, en el trabajo, con los amigos, contigo mismo.
Lo que pretendo, citando el ejemplo de la familia, es que nos replanteemos si el amor hacia otra persona, por importante que ésta sea, está por encima de ti mismo, de tu integridad, tu salud, tu bienestar o tu paz. Si tu vida va de procurar que otros se sientan complacidos, de solucionar los problemas de los demás, de cargar con los errores de otros y asumir responsabilidades sobre las consecuencias de decisiones que toman otros… o si tu vida va de tomar conciencia, de respetarte a ti mismo, de permitirte y ocupar tu justo lugar en el mundo, sin miedo a ser rechazado o juzgado.
Renuncia a la culpa, mira de frente al miedo y dile cuán seguro te sientes de querer amarte sin hacer daño a nadie y, sobre todo, sin seguir haciéndote daño a ti mismo.





Desde luego un texto que da que pensar!. Gracias y enhorabuena!!!