Los valores son principios éticos y morales que guían nuestro comportamiento en los distintos ámbitos de la vida: personales, familiares, profesionales, afectivos, sociales, etc. También podemos decir que los valores son cualidades humanas que determinan la forma en que nos relacionamos con nosotros mismos y con el mundo.
Hago esta introducción como contexto para la reflexión que quiero compartir en este post, porque, a mi entender, nos ayuda a ubicarnos y tomar consciencia de lo que es nuestra brújula moral y la importancia que tiene.
Recientemente vi un documental sobre la vergüenza, además de resultarme agradable de ver, me dejó bastantes reflexiones y una de ellas es la que quiero compartir hoy. El documental, más allá de exponer situaciones de sobra conocidas, por lo mediáticas y el impacto social que han tenido, sin quitar importancia o responsabilidad a quienes las protagonizaron, analizaba las respuestas sociales y públicas a dichas situaciones. Eso es lo que me ha llamado más la atención, cómo reaccionamos ante estas situaciones y lo que está reacción dice de nosotros.
Por ejemplo, nos alegra más el fracaso de un adversario, que nuestro propio triunfo. ¡¿En serio?! Sí, hay impulsores psicológicos que así lo demuestran. Por ejemplo, disfrutamos más viendo como golean a un equipo rival, que viendo ganar a nuestro equipo. O disfrutamos más cuando a una persona que ha hecho daño a otra, tiene «su merecido», que cuando la otra supera el dolor sufrido.
Según explicaban en el documental, inconscientemente nos comparamos con el resto de la gente; que en el mundo actual, sería con la imagen que vemos de ellos en sus RRSS, por eso, cuando vemos fracasar o equivocarse a personas que parecen perfectas, triunfadores o felices, sientes que no son tan superiores y te sientes menos inferior.
Esto está siendo usado por las RRSS para conseguir mayor número de usuarios, más actividad y por tanto, un mayor impacto. Nos dejamos manipular por un algoritmo que se fija en lo que más nos llama más la atención, como por ejemplo, infidelidades, noticias sensacionalistas, sucesos o polémicas… juzgamos, criticamos, condenamos, porque de esta forma nos posicionamos como mejores personas, nos decimos «yo nunca harían algo así».
En mi caso, he de reconocer que es cierto, alguna vez me descubro haciéndolo. Lo que he aprendido es que más importante que juzgarme, es tomar consciencia y seguir creciendo.





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