La semana pasada asistí a un curso de mentalidad de crecimiento, allí conocí a un compañero, que como parte de un ejercicio, compartió su experiencia respecto a cómo estaba viviendo una situación que le resulataba desagradable. Nos decía que su pasión es el tenis, que juega regularmente y que hace poco se había inscrito en un torneo de senior y que le estaba yendo muy mal, que perdía los partidos y con puntuaciones que le resultaban humillantes. Este hecho empezó a afectarle negativamente y ahora, cada fin de semana que tenía partido, le resultaba un suplicio asistir.
Me llamó mucho la atención ver cómo nuestra necesidad de ganar nos priva de lo importante, disfrutar. Le pregunté ¿Te gusta jugar al tenis o te gusta ganar? Sé que no son excluyentes, pero la respuesta hará que pongas foco en lo que es importante para ti. Si cada vez que vayas a jugar el partido, te enfocas en disfrutar del juego, observar cómo se desarrolla y aprender, podrás desapegarte del resultado (me refiero al marcador final), conectarás con el propósito y entonces nunca vas a perder, porque aunque no venzas a tu contrincante, habrás mejorado disfrutando del juego.
Esto aplica para todo en la vida, incluso en una simple discusión cotidiana, porque si la afrontas con la mentalidad de ganar o tener la razón, estarás cerrando las posibilidades a una oportunidad de construir, crecer y aprender.
Es válido querer ganar y seguramente lo consigas, si te enfocas en lo que es importante para ti.
Al principio no será fácil, seguramente te hayan enseñado que lo importante es ganar, pero ahora tienes la oportunidad de elegir y asumir la responsabilidad.
Y tú ¿Qué prefieres?





Para mi lo importante es jugar, disfrutar de lo que haces, saborear cada momento. El resultado no lo puedes controlar y te puede frustar. El mayor logro de jugar es aprender, y eso lo puedes controlar