Esos momentos grises de la vida en los que todo parece tan difícil, como si una nube gris se posara sobre ti y se te atragantara cualquier situación o pequeño detalle entre la garganta y el corazón.
Esos momentos de incertidumbre y complejidad en los que maldices la vida o a quien te ha hecho daño, esos momentos en los que aunque te vistas de guerrero o guerrera, dentro de ti te sientes frágil, vulnerable y herido.
En esos momentos, tus ojos no ven más que la injusticia de la vida o la maldad humana, eres incapaz de salir de allí, incluso si tienes la solución frente a ti, tu mente se enfoca en el problema. No valen los consejos, simplemente no escuchas, el ruido mental te impide oír otra cosa que no sea el caos que te atrapa.
Cuánto dolor, cuánta impotencia y sufrimiento, eso es lo que sientes y se convierte en tu realidad.
Esto nos pasa a todos, es normal y no hay que castigarse por ello, somos humanos y tenemos dentro una voz emocional y otra racional, ambas se enfrentan y ninguna gana.
Por eso es importante aprender a abrazar todo aquello que nos desequilibra, a desapegarnos de la situación y verla con perspectiva, porque entonces podrás ver más allá del problema, recomponerte, levantar la cabeza y aprender una lección de vida que te acerque a ese conocimiento de ti mismo.
Atrévete a reemplazar ese «Maldita sea» por un sentido agradecimiento para que tus ojos vean la salida, para que tus oídos escuchen un buen consejo y para que tu corazón abrace tu vida.
¿Crees que puedes hacerlo?





Somos más frágiles de lo que creemos y es lógico que el viento de los demás nos golpee fuerte en el corazón. Unas veces tendremos razón, otras veces será puro subjetivismo. Siempre, como dices, una gran oportunidad de crecer. Afrontar los problemas, mirarlos cara a cara… acompañado siempre mejor. Sí, se puede acompañado