Hoy he elegido la fábula de “La rana y el agua hirviendo”, para reflexionar sobre la importancia de formarnos un criterio desde la consciencia, no desde la necesidad de ser aceptado o reconocido, ni desde el miedo al rechazo. Reflexionar también sobre el conformismo que a veces nos atrapa bajo la bandera de lo que debe ser, y que en ocasiones nos lleva a normalizar lo que en el fondo no sentimos como normal, simplemente vivimos en automático y bajo la falsa creencia de estar de acuerdo, dejando de lado lo más importante, tu verdadera opinión.
Sin más preámbulo, empezamos:
Había una vez una rana curiosa que vivía cerca de una olla en la cocina de una casa. Un día, mientras exploraba su entorno, saltó dentro de la olla, que para su sorpresa, estaba llena de agua hirviendo. Como era lógico, la rana se quemó, sintió el calor abrasador y, sin pensarlo dos veces, salió rápidamente de un salto. Su instinto de supervivencia la impulsó a protegerse y huir del peligro.
Lo normal hubiera sido que con esta experiencia, la rana aprendiera la lección y no volviera a saltar dentro de la olla. Sin embargo, al día siguiente lo hizo, volvió a saltar dentro de la olla, sólo que en esta ocasión, estaba llena de agua fría. La rana nadó plácidamente en el agua fresca, disfrutando de su “piscina” improvisada. Pero lo que la rana no sabía era que el agua se calentaba gradualmente. Poco a poco, el agua templada se convirtió en agua caliente. La rana, sin darse cuenta del cambio gradual, se fue acostumbrando al calor, incluso lo disfrutaba, sentía un gustito especial por el agua tibia. Nadó felizmente hasta que, sin darse cuenta, el agua se calentó muchísimo y alcanzó una temperatura tan alta que la pobre rana murió sin darse cuenta.
Hasta aquí la historia y ahora vamos con la reflexión:
Está claro que si nos acostumbramos a situaciones peligrosas o incómodas sin reflexionar sobre ellas, podemos perder la visión de la realidad y afectar nuestra forma de tomar decisiones, esas decisiones que al fin y al cabo, determinan nuestra vida. ¿Cuántas veces asumimos como normal, algo que incluso puede ser perjudicial? Y seguramente pensemos que pocas o ninguna, porque no tenemos consciencia de ello. Mantener nuestro sentido crítico y buscar siempre lo mejor nos ayudará a tomar decisiones más conscientes, con todo lo bueno que esto representa en nuestra vida. Si te vas acomodando y acostumbrando a los cambios que llegan, sin reflexionar sobre ellos, puede que pierdas la visión de la realidad.
Cuando no tienes criterio propio, estás dejando que los demás piensen y decidan por ti, parece baladí, pero no lo es, terminas pensando a través de los demás, te pones etiquetas para no sentir que disientes de lo que en teoría es normal. Es importante no asumir todo sin más, incluso diría que es necesario ser crítico, entender el para qué, qué sentido tiene y a partir de esa reflexión, procurar lo mejor, sin dañar a nadie, pero protegiéndote a ti, a lo que eres y lo que quieres.
Es triste, pero cada día vemos como nos acostumbramos a la queja, al estrés, al conformismo, al peligro, a la desunión… a situaciones que resultan dolorosas y creemos que se curan encontrando y señalando un culpable, mientras tú, tu bienestar y el de las personas que amas, naufraga en un mar de sinrazón.
Como cuenta la fábula, hay situaciones que dejamos pasar o de las que no somos conscientes de forma inmediata en las que nos acomodamos, pero que acaban produciendo un gran daño a medio y largo plazo.
Tomamos decisiones constantemente, pero ¿somos conscientes de cómo las tomamos? ¿Nos basamos en nuestro propio criterio o nos dejamos influenciar por factores externos?
Mantener nuestro criterio nos permite evaluar objetivamente lo que nos rodea y tomar decisiones conscientes. Siempre debemos cuestionar, analizar y no aceptar ciegamente lo que se nos presenta.
El conformismo también es un enemigo del criterio. En el famoso experimento de Solomon Asch, se demostró cómo las personas a menudo ceden a la presión del grupo, incluso cuando saben que están equivocadas. Esto se aplica no solo a situaciones objetivas, como identificar líneas en una cartulina, sino también a aspectos más subjetivos de nuestra vida, como gustos, preferencias y creencias.
Por lo tanto, recordemos la fábula de la rana y seamos conscientes de los cambios sutiles en nuestro entorno. No normalicemos lo que no deberíamos. Mantengamos nuestro criterio propio y no nos dejemos arrastrar por la corriente. Solo así podremos tomar decisiones auténticas y conscientes.




